El gentleman, ¿nace o se hace?

Puede parecer una tontería la cuestión a la que alude el título de la presente entrada, la verdad, pero para los que, además de hijos, también sois padres, resulta fundamental saber en qué medida podemos contribuir a que nuestros hijos lleguen a ser, como mínimo, hombres hechos y derechos con dos dedos de frente y, en el mejor de los casos, puedan llegar a ser considerados como auténticos gentlemen. Porque ya os adelanto una cosa: lo segundo sin lo primero no tiene ningún sentido, pero veamos muy brevemente porqué.

Drake's boy.
Drake’s boy.

No recuerdo nunca a mi padre dándome lecciones de ningún tipo en relación con la indumentaria masculina, sin embargo, me acuerdo perfectamente cuando me hablaba de cómo debía comportarme o qué actitud debía tener para afrontar uno u otro tema. De lo cual deduzco, al igual que supongo que harán todos los demás padres, que uno trata de educar a sus hijos, en primer lugar, en aquello que realmente es importante para éste y, si sobra algo de tiempo entre bronca y bronca, además, trata de enseñarle otro tipo de cuestiones que enriquezcan la vida de éste. Esta es, pues, la primera premisa. Educa primero a tu hijo como persona y, si acaso, ya vemos luego si tiene actitud para todo lo demás.

Los niños, afortunada o lamentablemente, copian lo que ven e imitan lo que hacemos, así que nuestra mejor baza para educarlos suele ser el servirles de ejemplo en aquéllos temas en los que tenemos realmente interés que aprendan. Dicho lo cual, y una vez estemos seguros de que nuestros hijos van a ser personas más o menos responsables, podemos centrar nuestros esfuerzos en que éstos se fijen -con bastante suerte, la verdad- en lo que nosotros podemos venir a considerar como el verdadero gentlemanVamos, que debemos predicar mucho con el ejemplo.

De este modo, si hemos criado a nuestros hijos de forma responsable y hemos intentado predicar con el ejemplo, ya solo nos queda cruzar los dedos para que éstos (ojo! de una forma natural y sin imposiciones) abracen el credo del buen vestir y no se pasen al lado oscuro de la fuerza. Y ya está, no le des más vueltas, ya has hecho todo lo que debías, ahora ya nada está en tu mano para decidir el futuro de tu hijo en esta cuestión.

Yo, finalmente, he llegado a la conclusión de que por mucho que nos esforcemos en inclinar la balanza hacia nuestro lado sigue pesando demasiado la genética en esta cuestión (como en todas las demás, supongo) por lo que si al niño no le sale ponerse unos mocasines, oye, pues qué se le va hacer, cómprale unas buenas zapatillas y que al menos el chaval vaya contento. Eso sí, preocúpate al menos, de que no vaya siempre con las mismas, que una cosa no quita la otra.

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4 comentarios sobre “El gentleman, ¿nace o se hace?

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  1. Me gusta Borja!
    Estoy de acuerdo contigo, e incluso diría que el gusto también se educa, el buen gusto.
    Un beso

  2. Me encanta el artículo Borja. Bueno como siempre. Todo un contrapunto a los temas habituales. Un abrazo amigo.

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